jueves, 2 de enero de 2014

Miedo

Hola, Si, aquí estoy escribiendo y desbordando en música las penas. De aquella música que te descompone emocionalmente, no sé, Hasta parece que me esfuerzo bastante en que me rompan el corazón. Sinceramente no es la primera vez que me pasa. Siento como si esta soledad ya la hubiese vivido antes. Esta soledad llena de recuerdos que normalmente descansan plácidamente debajo de mi cama, ahí, con los otros monstruos que juegan a asustarme. Ellos tienen todos mis miedos, esos que te hacen querer morir. 

Dicen que la única forma de superar tus miedos es afrontar aquello que más temes. Debes caminar en el vientre de la bestia.
Y arriesgar la posibilidad de fracasar. Pero intenta esconderte del miedo, y te arriesgarás a tragártelo tú todo.
Enfréntate a tus miedos y la recompensa puede ser profunda.


Podrías descubrir la cruda verdad de una relación… O de lo que eres capaz de aguantar.

El problema es que, cuando mas ganas, mas vas a perder. Yo por eso les dejo mis miedos a esos monstruos, díganme cobarde pero aún no estoy preparado para muchas cosas. 

Tenemos el miedo grabado en la memoria y en la carne. Desde las primeras noches de nuestro origen, en las que se escuchaban gruñidos y aullidos que anunciaban la muerte, esa dolorosa muerte que nos robaría la vida entre sangre y dolor… un inmenso dolor.
Miedo a eso que imaginábamos estaba detrás de las sombras de la madrugada y que nos recordaba a los demonios soñados entre oscuras pesadillas. O a las brujas, dragones, malvados ogros incluso al terrible oscuro "Rumplestiskin". Nos recordaba a todos esos cuentos que nos contaban nuestros padres de pequeños.

Miedo al sonido del viento entre las ramas de los árboles y que sembraba tan adentro, ese sentimiento de estar solos frente al vacío, al enorme vacío de ese mundo oscuro y tan lleno de nada.
Miedo a lo desconocido, a lo totalmente ajeno a nuestra existencia. A esa enorme soberbia de pensarnos como únicos y perfectos, tan dueños de todo lo conocido, de lo cotidiano, de lo que devoramos con la mirada y dejamos prisionero en nuestra cabeza.
Miedo al sabernos tan insignificantes ante lo que existe, de nuestra mirada perdida al tratar de imaginar en lo que hay más allá de las estrellas, más allá de la vida… más allá de la muerte.
Todos sentimos un inmenso miedo… un inmenso miedo a sentir miedo.
y bueno, por el momento creo que lo dejare ahí. 

Definitivamente no estoy preparado para escribir sobre el miedo. 

Aunque... 

Creo que es justamente lo que acabo de hacer.

Mi nombre es Edgar de León y me da miedo escribir sobre el miedo.

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