viernes, 5 de febrero de 2016

Palpita

Un post con la palabra corazón como título, que ESTUPIDO ¡lo sé! Es por eso que intentaré dejarlo de lado…

Palpita en mi un aparatejo descompuesto, un lastre, estorbo, inconveniente,  obstáculo, impedimento, molestia,  un órgano moribundo.  Alguien dijo que este ser me da la vida, pero yo creo que me lleva a la muerte. 
De no ser así, ¿Por qué dolería tanto?

Te invitaría al cine junto con cuatro personas más, sólo porque creo que preferiría el sentimiento de saber que elegiste sentarte al lado de mí y no al lado de alguien más, que el sentimiento de besarte a oscuras, pero lo más cercano a ir al cine juntos que tengo es ver películas que me recomiendas y lo más cercano que tenemos a citas es que salgas y me cuentes lo borracho que estás.

Es imposible no sentirme ligeramente decepcionado después de un sueño lúcido, me agobian las infinitas posibilidades que ofrecen los cuartos en los que no estoy yo contigo (de muy mal gusto que no estés conmigo), me agobia más cuando sé que no sé dónde estás y que saberlo me haría sentir mal. (Aumentan las palpitaciones de esta chatarra llamada corazón y luego bajan tanto que se siente como que ya se echó a perder).

Quiero que me veas en una situación en la que yo no me entere que me estás viendo, quiero que un amigo me cuente de qué manera me viste y por cuánto tiempo e imaginarme tu cara. 
Confío en 3 (tres) personas y entre esas no estoy yo. Suelo cagarla más de lo normal.

En el mejor de los casos vale la pena estar roto, para que salgan entre las grietas los falsos amores, para deshacernos de los viejos recuerdos. Tirar el peso muerto le llaman algunos, volar más liviano le llamo yo. Dejar que palpite lo que quiera, a la velocidad que quiera.

Al final, el rompecabezas más difícil de solucionar en la vida es reconstruir un corazón roto. Y a mí ¡ME ENCANTAN LOS ROMPECABEZAS! Siempre habrá un buen pretexto para seguir destruyéndonos. Para seguir armándonos, una y otra vez.


No hay comentarios:

Publicar un comentario