Me gusta pensar que aguantarme todas las
cosas hirientes que te tengo que decir tiene efectos considerablemente buenos
en mi vida. Tal vez me acuesto con todo el odio y el rencor que guardo solo
para tener algo con qué dormir.
Si, cierro los ojos, te ignoro, imagino que respondes las preguntas que quiero que me respondas, pero si los abro, me doy cuenta de que los traigo cabronamente rojos de tanto extrañarte.
Tus gemidos son una canción y los quiero escuchar en -repeat- toda mi vida, me consuela saber que no había manera de prepararme para ti, una vez besé a un extraño que probablemente es más feo de lo que recuerdo o al menos no se parecía nada a ti pero fingí que sí.
Abréviame la vida diciéndome que lo amas, que te gusta o que solo lo quieres, nunca sabré tu naturaleza pero me asustaste demasiado como para ser un sueño recurrente, fue un accidente pero sé que me lo merezco, traté de entender en serio traté perdón solo quería llenar el vacío que se veía en mis ojos cuando estaba triste. Por eso lo besé, a ese extraño. No me odies.
Esta vez es diferente. Aunque, ya me conoces,
eso lo digo todo el tiempo. Y aquí me tienes de nuevo. Soy el prisionero
rebelde que te pide más cuando le das azotes.
Pero, para no perdernos de nuevo en el
desastre que hay en mi mente, quiero preguntarte algo: ¿De dónde sacas tu dosis
diaria de cariño? ¿De dónde te abasteces de besos con más amor que saliva y
caricias que parece que te quitan ojeras, te desaparecen arrugas y te devuelven
un poquito de vida? ¿De dónde obtienes los abrazos que te despegan los pies del
piso aún con ochenta kilos de carne y hueso? ¿De dónde te sostienes para no
caer en el romántico empedernido, sensual y divino que me arrebataron de mis
propias manos en un descuido, olvido, suspiro?
Sé que debí dejarte cuando te supe capaz de
haberte dejado besar más allá del cuello por él. Una parte de mí lo hizo. Por
eso ahora me siento incompleto. No fui yo el que
volvió a verte después de este tiempo. Fue tan solo un fantasma. Un alma en
pena o un espectro que se sintió tan triste, que corrió a la ducha una vez te
fueras y se marchara de nuevo a su infierno, porque ese fantasma no quiere
regresar a la vida.

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